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11 de febrero, una fecha para recordar: por qué la brecha de las mujeres en la ciencia importa más que nunca

El Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia visibiliza la brecha de género en STEM y su impacto directo en la innovación tecnológica y el futuro del sector.

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11 de febrero, una fecha para recordar: por qué la brecha de las mujeres en la ciencia importa más que nunca

El Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia visibiliza la brecha de género en STEM y su impacto directo en la innovación tecnológica y el futuro del sector.

Mujeres, STEM e innovación: una conversación urgente para el futuro digital

El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, una conmemoración mundial establecida por las Naciones Unidas para reconocer y abordar uno de los desafíos más persistentes del sector tecnológico.

Cualquier persona que dirija una empresa tecnológica —ya sea una startup incipiente de dos personas o una compañía consolidada— conoce bien este reto: encontrar mujeres y niñas en los ámbitos de la ciencia y la tecnología es especialmente difícil. Simplemente no existe el flujo necesario, a pesar de décadas de concienciación e iniciativas bienintencionadas.

Los datos cuentan una historia contundente. Aunque las mujeres representan el 46 % de las matrículas en educación superior a nivel global frente al 40 % de los hombres, solo constituyen el 35 % de las personas graduadas en disciplinas STEM. Si desglosamos ese 35 %, el panorama resulta aún más preocupante. Las mujeres representan alrededor del 39 % de las graduadas en matemáticas y estadística, pero descienden hasta solo el 28 % en ingeniería y manufactura, el 30 % en tecnologías de la información y la comunicación y aproximadamente el 40 % en ciencias naturales y físicas. En algunos de los sectores más rentables y de mayor crecimiento, como la informática y la ingeniería, la representación femenina puede caer hasta el 21 % y el 24 % respectivamente.

En los ámbitos emergentes del deep tech, la situación es aún más crítica. Tomemos como ejemplo las tecnologías cuánticas, uno de los campos más transformadores de nuestro tiempo. Estudios recientes revelan que el 80 % de las startups cuánticas no cuenta con ninguna mujer en puestos de liderazgo senior. Una estadística alarmante basada en datos de selección de personal indica que menos del 2 % de las candidaturas para puestos en el sector cuántico corresponden a mujeres.

Y, sin embargo, la diversidad y la inclusión son esenciales para la innovación, especialmente en la tecnología, donde estamos construyendo las herramientas y los sistemas que darán forma a nuestro futuro colectivo. Los equipos homogéneos, por brillantes que sean sus integrantes, pierden perspectivas, pasan por alto casos de uso y generan puntos ciegos en sus productos.

Un equipo diverso y equilibrado en términos de género aporta algo difícil de medir en métricas trimestrales, pero imposible de ignorar en la práctica: armonía.
Surgen de forma natural distintas maneras de pensar y de abordar los problemas. Perspectivas ligeramente diferentes que, aunque puedan parecer sutiles en un primer momento, a menudo iluminan detalles que de otro modo pasarían desapercibidos. No se trata de que las mujeres piensen de forma fundamentalmente distinta a los hombres, sino de que cualquier forma de diversidad cognitiva refuerza la capacidad de resolver problemas.

En los momentos de mayor presión que definen la vida de una startup —plazos imposibles, problemas complejos que se resisten a soluciones elegantes, resultados que no son los esperados la noche antes de una entrega crítica— un equipo equilibrado en términos de género transforma de manera profunda el entorno de trabajo. Existe más cuidado entre las personas del equipo. El ambiente se vuelve más respetuoso, más silencioso, más calmado y más sereno, incluso cuando la presión es máxima. No se trata de que las mujeres sean naturalmente más empáticas o los hombres más agresivos: estos estereotipos no ayudan a nadie. Se trata, simplemente, de la cultura que emerge cuando un equipo es verdaderamente diverso.

El reto, por tanto, no es convencer a los líderes de que la diversidad importa. La mayoría de quienes trabajamos en el sector tecnológico ya lo entendemos a nivel intelectual. El verdadero desafío reside en las barreras sistémicas que impiden que mujeres y niñas accedan y permanezcan en los ámbitos científicos desde el inicio. Todo empieza temprano, con mensajes sutiles sobre qué asignaturas son “para chicos” y cuáles “para chicas”. Continúa en la universidad, donde muchas mujeres en programas STEM se encuentran siendo la única mujer en el aula, sin referentes y enfrentándose a culturas que no fueron diseñadas pensando en ellas. Y se extiende al entorno laboral, donde la conciliación entre vida profesional y personal, las responsabilidades de cuidado y los sesgos inconscientes se combinan para crear entornos en los que las mujeres tienen más probabilidades de abandonar roles técnicos que sus homólogos masculinos.

Este 11 de febrero, mientras celebramos el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, merece la pena reflexionar no solo sobre lo lejos que hemos llegado, sino sobre todo el camino que aún queda por recorrer. Esta fecha debería significar algo para todas las personas que creemos que el futuro de la tecnología depende de quién tiene la oportunidad de construirlo.

La revolución cuántica ya está en marcha. La inteligencia artificial está rediseñando todas las industrias. La tecnología climática definirá el mundo de nuestros hijos. No podemos permitirnos construir estos futuros contando únicamente con la participación plena de la mitad de la población. Las mujeres y niñas que podrían resolver los problemas más complejos del mañana están ahí fuera. La cuestión es si estamos creando un entorno en el que quieran entrar y permanecer.

Las empresas y los sectores que consigan resolver el desafío de la diversidad serán más innovadores, más resilientes y, en última instancia, más exitosos.

Por eso, en este 11 de febrero, no nos limitemos a celebrar a las mujeres que ya están en la ciencia. Comprometámonos a garantizar que el próximo año, y el siguiente, y cada año que venga, haya más. Porque el futuro de la tecnología depende de nosotros como seres humanos.

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