Pasar de una posición de “dependencia pasiva” a una de “autonomía estratégica”
En los últimos años, la soberanía digital europea se ha consolidado como un tema central en el debate político, económico y tecnológico. A menudo se presenta como una cuestión geopolítica, relacionada con las relaciones entre Estados (nosotros mismos también lo hacemos), las grandes plataformas globales y las instituciones supranacionales. Sin embargo, existe un nivel menos visible pero decisivo, en el que la soberanía digital adopta una forma extremadamente concreta: el de las pequeñas y medianas empresas.
Para una PYME, la tecnología ya no es solo un factor de apoyo. Se ha convertido en la infraestructura a través de la cual la empresa opera, toma decisiones, gestiona procesos críticos y se relaciona con el mercado. En este contexto, quien controla la tecnología ejerce una influencia directa sobre el mercado. No en un sentido ideológico, sino operativo: controla tiempos, costes, márgenes de maniobra y capacidad de adaptación.
PYMES cada vez más digitales, pero no necesariamente más autónomas
Los datos oficiales confirman que la digitalización de las PYMES europeas está creciendo con fuerza, pero también muestran una brecha significativa entre la adopción tecnológica y la capacidad de gobernarla.
Según Eurostat, más del 70 % de las PYMES de la Unión Europea utiliza servicios de cloud computing. Sin embargo, el Digital Decade Report de la Comisión Europea señala que solo una minoría dispone de una estrategia estructurada para la gestión de las dependencias tecnológicas. En la mayoría de los casos, las decisiones IT se toman para responder a necesidades operativas inmediatas —velocidad, escalabilidad, reducción de costes— más que como parte de una visión estratégica a largo plazo.
Este enfoque ha funcionado mientras la tecnología ha actuado como un habilitador. Hoy, sin embargo, el cloud, el software de gestión, la inteligencia artificial y los servicios externos se han convertido en infraestructuras críticas. La dependencia de un número limitado de proveedores, a menudo globales, expone a las PYMES a riesgos que ya no son solo técnicos, sino organizativos, económicos y estratégicos.
La dependencia tecnológica como riesgo estructural
Según el OECD Digital Economy Outlook, las PYMES europeas tienden a concentrar servicios esenciales en un número reducido de proveedores, con una capacidad limitada de migración o negociación. Esta concentración no resulta problemática mientras el contexto permanece estable, pero se vuelve crítica ante cambios repentinos: incrementos de costes, modificaciones contractuales, indisponibilidad de servicios, restricciones normativas o tensiones geopolíticas.
Para muchas PYMES, el principal riesgo no es la adopción de la tecnología en sí, sino la pérdida de control sobre las decisiones futuras. Cuando una tecnología se vuelve insustituible, la empresa deja de decidir y empieza a adaptarse.
La gobernanza IT como núcleo de la soberanía digital
Es en este punto donde la soberanía digital adquiere un significado concreto y operativo: la gobernanza. Los informes de la OECD y de ENISA muestran que la principal debilidad de las PYMES no es la falta de tecnología, sino la ausencia de modelos de gobierno capaces de evaluar y gestionar las dependencias a lo largo del tiempo.
Una estrategia IT más soberana no requiere necesariamente grandes inversiones, sino un cambio de enfoque. Significa integrar las decisiones tecnológicas en los procesos de toma de decisiones empresariales, tratándolas como decisiones estratégicas y no como simples elecciones operativas. Cada inversión IT relevante debería evaluarse también en términos de dependencia, flexibilidad y sostenibilidad a medio y largo plazo.
En este sentido, la gobernanza IT se convierte en una responsabilidad directiva compartida. El Digital Decade Report destaca que las empresas con mayor madurez digital son aquellas en las que directivos y responsables IT trabajan de forma alineada, evitando que el IT quede relegado a una función meramente ejecutiva. La soberanía digital no es una cuestión técnica: es una cuestión de gobierno de la empresa.
Reducir la dependencia sin renunciar a la competitividad
Un error frecuente es asociar la soberanía digital a un enfoque defensivo o contrario a la innovación. Los datos de la Comisión Europea muestran lo contrario: las PYMES más resilientes no son las menos digitalizadas, sino las que gestionan activamente sus dependencias tecnológicas.
Reducir el vendor lock-in cuando no es necesario, priorizar soluciones open source, evitar personalizaciones excesivas difíciles de migrar, evaluar arquitecturas híbridas o enfoques multi-proveedor para los servicios más críticos, y adoptar la inteligencia artificial de forma consciente y controlada: todas estas decisiones amplían el margen de maniobra sin comprometer la eficiencia ni la innovación.
También la evaluación de soluciones europeas, cuando son maduras y sostenibles, puede formar parte de una estrategia equilibrada.
Gobernar la tecnología para gobernar el mercado
Los datos muestran que muchas PYMES aún no están plenamente preparadas para gestionar de forma consciente su dependencia tecnológica. Pero también muestran que el verdadero límite no es tecnológico, sino de gobernanza y visión estratégica.
La soberanía digital, para una PYME, no significa controlarlo todo ni aislarse del mercado global. Significa no delegar por completo el control de las decisiones estratégicas en infraestructuras y proveedores que no se gobiernan.
En una economía cada vez más digital, la diferencia competitiva no estará entre quienes utilizan más tecnología y quienes utilizan menos, sino entre quienes la adoptan de forma pasiva y quienes la gobiernan de manera consciente. Y es en esta capacidad de gobierno donde las PYMES pueden construir una soberanía concreta, sostenible y compatible con el crecimiento.

